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DIVULGACIÓN
actualidad, con cambios en los usos habituales de los fonemas (por ejemplo la “h” por la “f” en palabras como “fazer”). Por otro, tuvieron que aprender los significados de los giros lingüísticos y de las perífrasis y circun- loquios tan propios de aquel momen- to histórico.
El estado de conservación de las cartas de cinco siglos de antigüedad aumentó la complejidad del proce- so de criptoanálisis, ya que los pe- queños desperfectos, perforaciones o manchas entorpecían la lectura, como se puede observar en las foto- grafías de los documentos. Asimismo, el hecho de que el pliego de papel hubiera sido utilizado por ambas caras, como era costumbre en la época, hacía que los caracteres se solapasen unos con otros y que el análisis se prolongase más de lo ini- cialmente previsto para evitar errores en la interpretación de los símbolos, que hubieran alterado el contenido de las misivas.
Un gran problema añadido para conocer el sistema de cifra fue com- prender la caligrafía de las cartas. La escritura variaba en función del redactor o redactores, incluso dentro de un mismo documento. Esto hacía difícil distinguir los signos en los dife- rentes lugares en los que aparecían.
En consecuencia, antes de iniciar el es- tudio criptográfico, hubo que realizar una laboriosa transcripción manual de los símbolos y trasladarlos a caracteres modernos. Esta tarea requirió varias fa- ses de corrección de los errores de in- terpretación ya que, sin una transcrip- ción correcta, no hubiera sido posible completar el trabajo. Para facilitar este proceso, los miembros del equipo di- señaron una herramienta informática que les permitía estructurar la informa- ción que iban desgranando y facilita- ba el análisis posterior.
Fruto de esta primera fase, se obtu- vieron dos conclusiones principales. La primera, que el sistema de codifica- ción diseñado por los Reyes Católicos se estructuraba en torno a dos estrate- gias. Por un lado, un sistema de símbo- los que implicaba sustituir un carácter por otro (con la particularidad de que se trataba de un sistema múltiple, es decir que un mismo carácter podía ser sustituido por hasta seis símbolos distin- tos). Por otro, un sistema de códigos, que utiliza un conjunto de dos o más caracteres para sustituir palabras, fra- ses, nombres, etc. que se repiten a lo largo del texto.
La segunda de las conclusiones fue que no se podía seguir avanzando en el análisis utilizando sólo la información disponible. Por este motivo, “tuvimos
que solicitar al Museo del Ejército que nos enviase más cartas cifradas y tex- tos de la época para continuar con la búsqueda de equivalencias y des- cifrar todos los códigos. Habíamos identificado más de 500 códigos, pero no teníamos la certeza de que no se hubieran producido errores de interpretación”.
La recepción de las nuevas cartas cifradas, de siete y doce folios, y el he- cho de que uno de los documentos contuviese una parte del texto desco- dificado –que funciona como piedra de Rosetta – permitieron continuar con el análisis. Todo el esfuerzo dio como resultado no sólo la descodifi- cación del texto oculto, sino la com- prensión de las estrategias de codifi- cación empleadas en la época.
El sistema de codificación que fue diseñado en la corte de los Reyes Ca- tólicos ha sido calificado como “muy lógico y sofisticado” por los expertos del CNI. El historiador Emilio Lara ase- gura, en declaraciones a Radio 5, que “hasta el siglo XVII no se introducen mejoras a este sistema. Hay que espe- rar hasta el siglo XX, con la aparición de las máquinas enigma, para encon- trar un mecanismo más sofisticado”.
El procedimiento de codificación está compuesto por 87 símbolos y 237 códigos –lejos de los más de 500 que habían sido identificados inicialmen- te– e incluía varias estrategias para evitar que las cartas pudieran ser descifradas si eran interceptadas por algún enemigo. No podemos olvidar que, en aquellos momentos, España estaba inmersa en un proceso de ex- pansión territorial y de defensa de los territorios que poseía. Otros reinos an- siaban conocer los planes españoles para anticiparse y contrarrestarlos. Asimismo, la correspondencia tar- daba en llegar a su destinatario en torno a quince días, por lo que era necesario minimizar los riesgos.
Entre las técnicas de codificación destaca el hecho de que cada letra del alfabeto estaba representada por hasta seis símbolos distintos (pro- ceso de sustitución múltiple) para dificultar la identificación de repeti- ciones y, por tanto, la traducción del contenido utilizando un simple me- canismo de sustitución. Por ejemplo, el grafema “r”, al ser uno de los más utilizados, podía sustituirse por seis signos diferentes. Asimismo, las pa- labras cifradas no tenían separación entre sí, lo que daba como resultado folios de texto sin transiciones.
Y, por si esto no fuera suficiente, aplicaban un sistema de códigos para cifrar palabras de uso frecuen-
44 Febrero 2018





















































































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